El tema de gobierno politico de la inseguridad frente al crimen sucede al gobierno politico de la inseguridad social. En las democracias occidentales, dicho proceso se determina desde los primeros anos de la década del 1970, en coincidencia con los tempos y las modalidades en los que se desarrolla la crisis del Estado Social de dedecho. Por consiguente la tesis de este trabacho es asi sentitizable: la emergencia politica de la seguridad frente al delito non es otra cosa que la imposicion de un diverso punto de vista en grado de orientar de manera diversa una diversa congruencia a las cuestiones de la partecipacion democratica en presencia de una progresiva restricción del Estado Social. Y este tema del gobierno de la seguridad frente al delito está íntimamente relacionado a los sucesos conexos a esta imposición de un diverso orden y prioridad en el acceso social a los recursos económicos, políticos y jurídicos. Esto es, en efecto, el modo cultural mas apropriado para naturalizar la imposicion de nuevos modelos sociales de exclusión. Por consiguente, el tema del gobierno de la seguridad esta estructuralmente conexo al gobierno de los nuevos procesos de exclusión social. Esta es la preocupación central de la imposición egémonica de una cultura de gobierno neoliberal. Pero, distiantas retoricas leen la politica de seguridad como exclusión social. Si la cultura del welfare invierte en la remoción de las condiciones materiales que impiden el acceso a la plena tutela de los derechos de todos, la politica neoliberal actua en el sentido de determinar nuevos criterios de acceso a la tutela de los derechos solo a los miembros que los ameritan. Y la forma culturalmente mas aceptable de escluir algunos de los beneficios del Estado Social es la criminalisacion de su estatus. El paradigma de la meritorietad de la exclusión ocupa, asi, el puesto de la meritoriedad de la ayuda. En la segunda parte del presente trabacho se examina la exclusión social e la incapacitación selectiva de todos los miembros de la sociedad que non ameritan la tutela de los derechos en un enfoche de “derecho penal del enemigo”. El “derecho penal del enemigo” es un derecho penal diferente del derecho penal del ciutadano, o sea, del derecho penal de la modernidad. Siguen, per lo tanto, alcunos parágrafos dedicados ad una critica puntual de la teoria de Jacobs sobre la legitimación democratica de un derecho penal distinto dal derecho penal del ciutadano. En la ultima parte del presente trabacho se intenta de explicar la emergancia de una nueva penalidad expresiva frente a la crisis de la democracia representativa: esta penalidad expresiva es propria de una democracia de opinion. En la democracia de opinion, lo que es exaltado es la percepción emocional del sujecto reducido a sus emociones mas elementales: miedo y rancor. Y el nuevo discurso politico tiende a articularse mas sobre estas emociones, de las cuales solo el sistema de justicia penal es capaz de brindar una coherente expresion, en la funcion de produción simbolica de sentido, a traves del proceso de imputación de responsabilidad. Per lo tanto, se puede sostener la siguiente hipotesis: las politicas neoliberales no son ontologicamente compatibles con la politica de gobierno del ben publico de la seguridad en cuanto que estas son, totalmente, politicas represivas, lo que, bien visto, es lo contrario de como dar orden al presente desorden. Las politicas neoliberales hoy imperantes confian, en efecto, en el orden del mercado mismo, esto es, en la calificación de la seguridad como bien esencialmente privado y, por lo tanto, no tienen una idea de orden para contraponer al presente desorden. Esta politicas comparten el desorden como un costo inevitable.

Inclusión y exclusión en la costrucción social de la seguridad. Una visión entre el ‘centro’ y el ‘margen’

PAVARINI, MASSIMO
2008

Abstract

El tema de gobierno politico de la inseguridad frente al crimen sucede al gobierno politico de la inseguridad social. En las democracias occidentales, dicho proceso se determina desde los primeros anos de la década del 1970, en coincidencia con los tempos y las modalidades en los que se desarrolla la crisis del Estado Social de dedecho. Por consiguente la tesis de este trabacho es asi sentitizable: la emergencia politica de la seguridad frente al delito non es otra cosa que la imposicion de un diverso punto de vista en grado de orientar de manera diversa una diversa congruencia a las cuestiones de la partecipacion democratica en presencia de una progresiva restricción del Estado Social. Y este tema del gobierno de la seguridad frente al delito está íntimamente relacionado a los sucesos conexos a esta imposición de un diverso orden y prioridad en el acceso social a los recursos económicos, políticos y jurídicos. Esto es, en efecto, el modo cultural mas apropriado para naturalizar la imposicion de nuevos modelos sociales de exclusión. Por consiguente, el tema del gobierno de la seguridad esta estructuralmente conexo al gobierno de los nuevos procesos de exclusión social. Esta es la preocupación central de la imposición egémonica de una cultura de gobierno neoliberal. Pero, distiantas retoricas leen la politica de seguridad como exclusión social. Si la cultura del welfare invierte en la remoción de las condiciones materiales que impiden el acceso a la plena tutela de los derechos de todos, la politica neoliberal actua en el sentido de determinar nuevos criterios de acceso a la tutela de los derechos solo a los miembros que los ameritan. Y la forma culturalmente mas aceptable de escluir algunos de los beneficios del Estado Social es la criminalisacion de su estatus. El paradigma de la meritorietad de la exclusión ocupa, asi, el puesto de la meritoriedad de la ayuda. En la segunda parte del presente trabacho se examina la exclusión social e la incapacitación selectiva de todos los miembros de la sociedad que non ameritan la tutela de los derechos en un enfoche de “derecho penal del enemigo”. El “derecho penal del enemigo” es un derecho penal diferente del derecho penal del ciutadano, o sea, del derecho penal de la modernidad. Siguen, per lo tanto, alcunos parágrafos dedicados ad una critica puntual de la teoria de Jacobs sobre la legitimación democratica de un derecho penal distinto dal derecho penal del ciutadano. En la ultima parte del presente trabacho se intenta de explicar la emergancia de una nueva penalidad expresiva frente a la crisis de la democracia representativa: esta penalidad expresiva es propria de una democracia de opinion. En la democracia de opinion, lo que es exaltado es la percepción emocional del sujecto reducido a sus emociones mas elementales: miedo y rancor. Y el nuevo discurso politico tiende a articularse mas sobre estas emociones, de las cuales solo el sistema de justicia penal es capaz de brindar una coherente expresion, en la funcion de produción simbolica de sentido, a traves del proceso de imputación de responsabilidad. Per lo tanto, se puede sostener la siguiente hipotesis: las politicas neoliberales no son ontologicamente compatibles con la politica de gobierno del ben publico de la seguridad en cuanto que estas son, totalmente, politicas represivas, lo que, bien visto, es lo contrario de como dar orden al presente desorden. Las politicas neoliberales hoy imperantes confian, en efecto, en el orden del mercado mismo, esto es, en la calificación de la seguridad como bien esencialmente privado y, por lo tanto, no tienen una idea de orden para contraponer al presente desorden. Esta politicas comparten el desorden como un costo inevitable.
Convivencia y seguridad en Iberoamérica. Nuevas visiones
39
69
M. Pavarini
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